Huelo en su frente un andar a caballo,
un crujir de madera amiga de los siglos
en un puente muerto.
A través de su logos puedo sentirle
y sentir el frío de la noche
y el susurro de un viento ya marchito,
hastiado del hastío.
Lo único que sé es que mientras
todo lo que me rodea canta,
grita de euforia y a veces llora,
siempre habrá este silencio
que me dice todo,
que me grita a vacíos
que tu existes y yo soy.
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